Gonçal Mayos PUBLICATIONS

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May 26, 2013

TRANSMISION DEMOCRÁTICA DEL CONOCIMIENTO ¡O BARBARIE!


Hoy se impone un reto inexcusable: la transmisión cognitiva… democrática, con calidad y al conjunto de la sociedad. No es meramente un ideal y una utopía, es una necesidad. Y el éxito o fracaso al conseguirlo, marca el éxito o fracaso de las sociedades.

Hoy para todos y en cualquier parte, el conocimiento es un valor en sí mismo. El capitalismo cognitivo y la sociedad del conocimiento se basan en generar conocimiento con alto valor añadido. Ahora bien, eso sólo es insuficiente, insolidario, peligroso e, incluso, puede bloquear la democracia.
 

Cuando el conocimiento es –de mucho- el principal factor productivo pero no llega a todos, las sociedades se hunden en la insolidaridad y las democracias dejan de ser viables. Las sustituyen populismos dictatoriales controlados desde los medios de comunicación, pero también desde expertos, tecnocracias, universidades, escuelas, altas academias, institutos de investigación y centros de I+D+i (investigación, desarrollo e innovación) meramente tecnocráticos.

Por tanto, es a la vez un enorme fracaso y un inmenso peligro tener: mucho conocimiento, tecnología avanzada, investigación punta, acelerado desarrollo, creativa innovación e, incluso, competitiva productividad… sin su eficaz y democrática transmisión al conjunto de la población.

Sin transmisión del conocimiento, se hace imposible el empoderamiento democrático por parte de la ciudadanía. El modo de producción postindustrial y la turboglobalización acentúan la necesidad de una muy rápida comunicación y transmisión de los conocimientos; la democracia, aún más. 

El “coste de oportunidad” (incluso por leves retrasos o ineficiencias en la incorporación de las innovaciones) ha crecido enormemente con la aceleración del cambio tecnológico y de los flujos en las sociedades postindustriales. Aún más ha crecido por ello: el peligro totalitario y antidemocrático.

Las sociedades avanzadas actuales se definen como “del conocimiento” o de “capitalismo cognitivo” porque el saber (más que la industria clásica) es el factor productivo más importante y que impulsa decisivamente el resto de sectores.

Ahora bien también son “SOCIEDADES DE conocimiento” porque –hoy efectivamente- éste es producido “por toda la sociedad” y no tan sólo por un pequeño grupo o casta. Aún más, lo son porque en ellas el conocimiento sólo puede ser producido por la participación activa de toda la sociedad y -recíprocamente- toda la ciudadanía debe empoderarse de él.  


Internet ha puesto de manifiesto el potencial comunicativo y cognitivo que el conjunto de la sociedad atesora, incluso en sus extremos más depauperados. Por eso hablamos de “sociedad red”. Nuestro mundo es una turboglobalizada y monádica “World Wide Web”, donde las voces más auténticas y las aportaciones más creativas nacen del lugar más inesperado.

En contrapartida, sólo accediendo libre y eficazmente a la “World Wide Web” alguien realmente participa de la “sociedad red o del conocimiento”, incluso del “capitalismo cognitivo”. Por el momento y cada vez más hasta que "otro mundo sea posible", la www se convierte en condición de plena ciudadanía, auténtica democracia y acceder a la “docta ignorancia” (Nicolás de Cusa) de una “sociedad de la ignorancia” compleja y exigente, a veces frustrante y angustiosa, pero ya convertida en la condición humana actual.

Por todo ello, tanto el “capitalismo cognitivo” como la “democracia del conocimiento” exigen una muy eficiente y rápida comunicación de las innovaciones y conocimientos a toda la sociedad, sin excluir ninguna parte de ella.

En principio, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) lo permiten y la potencian; pero tan sólo si políticamente y socialmente ese es también el objetivo.

Hoy los bloqueos a la eficaz puesta en común del conocimiento generado colectivamente son más bien políticos, económicos, culturales, de mentalidades sociales… que no de las tecnologías. Éstas están –parece- al nivel de ese gran reto, pero: ¿y la gente? ¿los políticos y las instituciones? ¿las universidades y la escuela?

¿Hay auténtica voluntad política y social para poner en común el conocimiento generado colectivamente? Incluso ¿se entiende la importancia y valor ético del reto de transmitirlo y ponerlo a disposición del conjunto de la sociedad?


¿Superaremos hoy, el ancestral egoísmo del sálvese quien pueda; convertido hoy en: “coge el conocimiento y corre… a aprovecharte privadamente de él”? ¿Superaremos la culpable pereza y nos atreveremos a hacer el esfuerzo que sea necesario para aprender?

¿Devendremos realmente “UNA SOCIEDAD del conocimiento” o –a pesar de muchos saberes hiperespecializados y privatizados- fracasaremos deviniendo una “sociedad de la ignorancia”.

Kant diría que hoy el sentido y reto de la Ilustración es devenir una auténtica “sociedad del conocimiento” y superar nuestro ancestral destino de caer en el despotismo de una “sociedad de la ignorancia”. Herder diría que en ese reto se juega hoy el sentido de “humanidad” y para Marx es la auténtica emancipación y sentido del “comunismo”.

Pues hoy, aún más que en cualquier otra época anterior: los saberes, las culturas, los conocimientos, las lenguas, las capacidades, las ideas, los ingenios, las creatividades, los distintos tipos de inteligencia, las múltiples voces… son el patrimonio que tenemos en común y que debemos poner a disposición de todos.

 En to meson decían los griegos clásicos. Los saberes deben ponerse en medio y en común, si bien quizás no de forma totalmente gratuita, pues la humanidad tiende a no valorar lo gratuito, a confundir el valor con el precio (Wilde) y entonces hasta lo más valioso y liberador puede degradarse a ganga e imposición.

Puesto que la producción del saber se ha vuelto más colectiva que nunca, cualquiera debe poder participar en ella según sus esfuerzos, sus capacidades y sus necesidades. Es difícil y exigente para todos, pero es seguramente la única solución verdaderamente humana y sostenible a largo plazo.


Antes quizá no era eso del todo posible; hoy los peligros y costes de claudicación han devenido inhumanos, la más peligrosa barbarie y la más profunda exclusión… pues hoy la marginación respecto el saber y el conocimiento es la madre y la fuente de toda exclusión.

Ahora bien y como hemos apuntado, toda la sociedad puede producir colaborativamente conocimiento (y ser una auténtica “sociedad del conocimiento”) solo si cumple dos condiciones: Si goza de las adecuadas TICs y redes de comunicación; pero también –last but not least- si minimiza los muchos posibles impedimentos a la transmisión cognitiva y maximiza las buenas prácticas y los canales con potenciales sinergias.

Sólo si detectamos eficazmente bloqueos y potencialidades, y superamos o minimizamos los primeros y maximizamos los segundos, devendremos una auténtica “sociedad del conocimiento”. Pues sólo entonces, una “sociedad” realmente deviene “inteligente”, una eficaz “red social”, “del conocimiento” y “de la comunicación”.

Lo demás son eufemismos que marcan diferencias respecto épocas pasadas, pero que no permiten competir eficazmente en el marco actual turboglobalizado.


Por ello, son tan enormemente altos en la actualidad los costes humanos, económicos, tecnológicos y culturales de cualquier bloqueo, ineficiencia, limitación, malacomprensión, indiferencia, monopolio, resistencia, dilación, injusticia, inatención, desvío, privatización, falta de equidad, olvido, exclusión… en la transmisión democrática del conocimiento.
 
Crear conocimiento y saber es decisivo, pero aún más lo es su transmisión al conjunto de la sociedad. Pues, dado el altísimo coste social y económico que hoy representa la creación y gestión del conocimiento; su menosprecio, dilapidación y mal uso es humanamente culpable, además de lastrar el destino internacional de los pueblos.

El conocimiento debe llegar a todos, porque es condición de humanidad (Kant, Herder). Pero además hemos descubierto hoy que se produce social y colectivamente (como ya destacó Marx y más recientemente destacan desde el conservador Daniel Bell al progresista Manuel Castells).

El conocimiento debe transmitirse al conjunto de la humanidad. Debe llegar al común y devenir común. Por ello todo bloqueo es “culpable” (Kant).

En caso contrario, no hay auténtica “sociedad” en el conocimiento, sino tan sólo privatización de los saberes bajo socialización de la ignorancia. Entonces la pretendida “sociedad del conocimiento” tan sólo enmascara una bárbara “sociedad de la ignorancia”.

Ver artículo "¿Peligra la democracia? de Clotilde Parra en Diario Libre, Santo Domingo, 19-4-2024.

2 comments:

Biblioteca Central Santa Coloma said...

Enhorabuena por esta magnífica exposición.
Siguiendo este hilo argumental, quisiera señalar que, a mi juicio, hay como mínimo dos factores que inciden de modo muy especial en el “bloqueo, ineficiencia, limitación, malacomprensión, indiferencia, monopolio, resistencia, dilación, injusticia, inatención, desvío, privatización, falta de equidad, olvido, exclusión… en la transmisióndemocrática del conocimiento. :
a) la conversión, hoy más acentuada que nunca, del conocimiento en una mercancía que, como tal, no sólo tiene un precio tanto mayor cuanto más socialmente relevante es su contenido –pensemos en la gran proliferación de Think Tanks, seminarios y congresos para públicos muy minoritarios, rankings de universidades “exclusivas”, etc.- y que, por consiguiente, deja de lado a cuantos no tengan el capital económico, cultural y social necesario para acceder, sino que, además, implica subordinar totalmente la calidad del conocimiento a la maximización del beneficio: ¿cuántas librerías de calidad no han tenido que cerrar estos últimos años? ¿cuántas editoriales de prestigio han desaparecido o han quedado absorbidas por otras que sólo piensan en la cuenta trimestral de resultados?
b) Los populismos: la creciente crisis de legitimidad de la política –una crisis sistémica cuya causa profunda el abismo creciente entre el auténtico poder, que es global, opaco y nada democrático, y las instituciones que supuestamente representan a la voluntad popular- es aprovechada por populistas de toda condición que utilizan técnicas avanzadas de mercadotecnia para crear, difundir y propagar mensajes simplistas con un alto contenido emocional que, en vez de facilitar el conocimiento de la realidad, lo enmascaran y lo dificultan. Pero no nos equivoquemos: los populismos son sólo una causa de la creciente ignorancia, sino también, y sobre todo, un síntoma y una consecuencia de la misma.

Lluís

Gonçal Mayos Solsona said...

El conocimiento ha sido siempre un arma y un potencial que tenía un uso ético o no en función de quien lo poseía y ejercía. Probablemente a lo largo de la historia ha sido mayoritario el conocimiento usado con fines no éticos. Tradicionalmente tenía además un valor de “distinción” (Bourdieu) para discriminar o separar la gente. Hoy prioriza su valor de mercado y su performatividad (normalmente medida también por el valor de mercado).

Lo que dices –Lluís- dels “Think Tanks, seminarios y congresos para públicos muy minoritarios, rankings de universidades “exclusivas”” remite a lo que tiene ese valor de mercado. Naturalmente otros conocimientos filosóficos, éticos… si no se ve claro que no tienen ese valor y uso, sencillamente se obvian o se cierran sus centros.

Por eso no nos debe extrañar (pero sí indignar) que también el no-saber o la ignorancia tengan un alto valor de mercado y para garantizar el estatus quo. Como dices muy bien: “técnicas avanzadas de mercadotecnia para crear, difundir y propagar mensajes simplistas con un alto contenido emocional que, en vez de facilitar el conocimiento de la realidad, lo enmascaran y lo dificultan.” No nos engañemos desde Goebbels sabemos que vivimos también en la era de la propaganda.