Oct 6, 2016

EL GUARDABOSQUES PREMODERNO



Para explicar la profundidad de los cambios en las actitudes mayoritarias impulsados por el capitalismo turboglobalizado y postfordista, Bauman (2007) los ha comparado bellamente con tres grandes metáforas que reflejan las actitudes básicas ante el mundo:

- La premoderna se asemejaría al guardabosques.
- La propiamente moderna al jardinero
- Y la postmoderna cognitivo-turboglobalizada al cazador

Analicemos brevemente las dos primeras y desarrollemos la última de acuerdo con las experiencias más recientes.



Evitemos idealizar la relación premoderna de la humanidad con la natura­leza, pues muchas veces ha actuado como un eficaz depredador que ha forzado significativos cambios ecológicos. Pero aún reconociéndolo, los pueblos premodernos y especialmente los preagrícolas se consideraban parte del organismo superior y con trazos divinos que para ellos era la naturaleza. En muchos aspectos se consideraban una especie «guarda­bosque» que vivía en y de la naturaleza pero «obedeciéndola» como algo superior, ya sea por su valor intrínseco, ya sea por ser obra divina.

Esas sociedades no pueden imaginarse otra manera de vivir y, por tanto aunque puedan depredar notablemente el entorno, se consideran defen­soras del orden natural y no se incluyen entre los agresores de éste. Tiene razón Bauman (2007) en que el guardabosque suele actuar con la con­cepción de que «las cosas están mejor sin tocarlas», aunque ciertamente las está «tocando» y cambiando continuamente y a menudo con importan­tes efectos. En definitiva: no es lo mismo un bosque que un bosque «con guardabosque», pues este no es un agente neutro ni necesariamente sus intereses particulares tienen que coincidir de forma plena con los de «su» bosque.

 
En todo caso, las sociedades que se han configurado bajo el modelo del «guardabosque» no se conciben viviendo fuera de «su» bosque, ya que lo sienten como su lugar natural, parte intrínseca de su identidad y dando sentido último a su existencia. Para esas sociedades, el bosque es «el mundo», su mundo y —por tanto— en principio no les interesa lo que haya más allá, ni tampoco abandonarlo. La mentalidad reflejada en muchos mitos corresponde a esa metáfora del "guardabosques", a menudo en la versión más religiosa de proteger las esencias eternas y el orden surgido de la creación y «mandatos» divinos.

En las sociedades estructuradas bajo el imaginario de ser los «guardabos­ques» de su entorno, es una gran patología o pecado querer ir en contra del designio de los dioses y del orden cósmico. Pretender cambiarlos es locura, un terrible pecado de orgullo y vanidad. Los griegos clásicos llamaron «hybris» a ese tipo de actos impíos, condenados al fracaso y susceptibles de ser castigados por los dioses. Precisamente, lo cometían aquellos hombres (como Edipo) que creían poder decidir de acuerdo con su propia voluntad sin atender a que —en el fondo— tan solo eran «guar­dabosques» de los dioses.

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