Nov 21, 2013

PROLETARIADO ES COGNITARIADO



¿Hay que dejar de hablar de “proletariado” para usar la expresión “cognitariado” e incluso “precariado”? Creemos que sí, pues entonces clarificamos un aspecto esencial de la condición contemporánea. “Cognitariado” (y en cierto sentido “precariado”) son expresiones que describen mejor nuestra condición en el actual “capitalismo cognitivo” y la turboglobalizada y postindustrial sociedad del conocimiento.

 
Hoy y cada vez más todos los trabajadores (incluso todo el  mundo) estamos al servicio de lo productivo y económicamente rentable. Ese es el mínimo común denominador del actual “pensamiento único”, pues minimiza cualquier otra consideración. Bajo ese pensamiento único y el hegemónico capitalismo cognitivo, en la actualidad todos nos convertimos en trabajadores cognitivos y dependemos totalmente del precio de mercado que obtengamos por nuestra cognición. Es decir nos hemos convertido en “cognitariado” que es –quizás- una nueva clase social o simplemente la condición existencial humana en la actualidad.

 
¿Quiere eso decir que ya no hay “proletarios” ni gente desposeída en la línea de lo que quería indicar con esa palabra Marx? Pues no, eso no es así. En la actualidad hay mucha miseria y la distancia entre ricos y pobres ha aumentado notablemente. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Las nuevas realidades tecnológicas, económicas, sociales, políticas y culturales generan nuevas exclusiones, miserias y precariedades.

 
Como destaca Amartya Sen: aunque en ciertos sentidos el neoliberalismo actual y el capitalismo cognitivo hayan aumentado la libertad “negativa” (que nadie impida las acciones) y la igualdad meramente formal (la ausencia de leyes discriminatorias), no se han reducido las distancias de riqueza y de todo tipo, pues en absoluto se han equilibrado la capacidad efectiva (capability) de responder a y empoderarse de la realidad social.

 
Ciertamente, la sociedad postindustrial ha aumentado enormemente la potencialidad del conocimiento para la producción, el dominio tecnológico y la transformación de la realidad. Por ello, como nunca antes, entroniza socialmente la máxima de Francis Bacon “saber es poder” y todos los trabajadores devienen en la “sociedad del conocimiento”: trabajadores cognitivos, “cognitariado” (Franco Berardi).

 
Parece indiscutible que en la actualidad el sector productivo más poderoso y efectivo es el basado en el saber o, más bien, en la ciencia con aplicaciones técnicas y con valor económico. Y eso hace que cada vez más los trabajadores tienen que tener altas capacidades y habilidades cognitivas. Sin duda, cada vez más aumenta la proporción de los trabajadores especializados que –más allá de sus habilidades manuales- sobre todo se caracterizan y son contratados por su capacidad cognitiva.

 
Por ello resulta muy adecuado usar la expresión “cognitariado” para hablar de la creciente cantidad (sobre todo en los países avanzados) de trabajadores que tienen ocupaciones básicamente intelectuales, tecnológicas, a través de la TICs y que exigen una alta capacidad cognitiva. “Cognitariado” es, pues, una bastante precisa denominación que destaca lo esencial de la condición laboral y profesional dominante en la sociedad postindustrial del conocimiento y las TIC. Hoy la tendencia histórica parece indiscutible: a más “sociedad del conocimiento”, mayor número de trabajadores y trabajos cognitivos.

 
El extraordinario desarrollo de las tecnologías, pero también la constitución de una sociedad postindustrial cada vez más centrada en el conocimiento, ha hecho que el trabajo intelectual predomine cada vez más sobre el manual. Hoy los obreros tienen que formarse para responsabilizarse de maquinarias más complejas, muy caras y de alta tecnología. Y además tienen que tomar gran número de decisiones autónomas, reflexivas, que presuponen muchos conocimientos y que comportan grandes responsabilidades. Incluso los obreros van deviniendo pues “cognitariado”.

 
En todas las empresas la cantidad de máquinas e informatización es muy alta, dejando bastante atrás las realidades de la industrialización fordista taylorista. Se reducen (porque son menos rentables y no por bondad) las horribles y alienantes cadenas fordistas de montaje, donde un capataz taylorista iba determinando la más rápida y eficaz ejecución, para ordenarla inmediatamente a los obreros (como si máquinas fueran). 

Por otra parte los productos cada vez incorporan más cognición en sus costes pues se fabrican de acuerdo con mayores especificaciones de sus clientes, se personalizan o “tematizan”, incorporan continuos cambios de diseño según las modas, se mejora la producción, distribución y logística, etc.

 
Gracias a esa incesante innovación, las empresas postindustriales e inscritas en la “sociedad del conocimiento” desplazan progresivamente las empresas y productos que no son tan innovadores ni sofisticados. Por ello los productos fabricados incorporan cada vez más conocimiento y –en consecuencia- requieren trabajadores con mayores conocimientos y mejor formados; trabajadores cognitivos, cognitariado. 

 
También por ello –y no por otro motivo- los trabajadores cognitivos tienden a sustituir e –idealmente- a ser mejor pagados que los trabajadores meramente manuales. No olvidemos que fue pensando en los obreros manuales que Marx (en el Manifiesto comunista) recuperó el término latino “proletarius”. Originalmente era el nombre para aquél que sólo puede aportar al Estado a sus hijos (por ejemplo: para el ejército). Es decir el proletario tan solo posee a su prole, a sus hijos; pues en la Roma antigua el “pater familias” tenía un gran poder sobre su mujer e hijos, a los cuales podría llegar a vender como esclavos.

 
Marx pensó el “proletariado” como la clase que no tenía propiedades y que sólo se tenía a sí misma, a su familia y prole, a su fuerza de trabajo, al vigor de sus brazos, piernas, corazón, músculos… Y por ello el proletariado tenía que vender temporalmente esa fuerza de Trabajo en el mercado de trabajo.

 
Como vemos el “proletario” no es un esclavo, pues éste depende absolutamente de su amo, todo él y en todo momento de su vida. El proletario, en cambio, es un trabajador que –ciertamente- tiene que vender su fuerza de trabajo, pero no toda su persona. Además lo hace tan sólo por el tiempo de la jornada laboral y –se supone- que en función de un contrato que estipula las condiciones concretas. Las diferencias son importes, aunque entiendo que a muchos de mis alumnos les parecen muy sutiles.


Hay que notar y destacar que –en el fondo- el proletariado debería incluir por igual a los trabajadores manuales e intelectuales, a los no formados y a los muy educados. No olvidemos que el famoso y muy culto escritor clásico de fábulas –Esopo- era esclavo hasta que fue liberado. Al igual que en este caso y con los esclavos, no cambia la naturaleza del “proletario” (según la definición dada) el que el trabajo que tenga que desempeñar sea más bien intelectual o más bien manual.

 
El sentido profundo de “proletariado” no cambia porque cambie la “fuerza” o “habilidad” que el trabajador haya tenido que poner en venta por cierto período “laboral”. Según la definición dada y en el modo de producción capitalista, la amplísima mayoría de la población era y es proletariado; pues –de una manera u otra- ha de vender su fuerza de trabajo durante una parte de su vida.

 
Ahora bien, como históricamente, el trabajo manual era más corriente y el trabajo intelectual habitualmente era más apreciado y pagado, el marxismo popular asimiló el proletariado a los obreros e, incluso, al movimiento obrero. Por eso, Marx clamaba “¡proletarios del mundo, uníos!” y consideraba a la clase proletaria como el sujeto de la historia. Sólo cuando la clase proletaria en conjunto adquiriera conciencia de sí y de su injusta situación –decía-, iniciaría un movimiento político revolucionario imparable que transformaría radicalmente el modo de producción vigente.  

 
Esta reducción del “proletariado” básicamente a los trabajadores manuales y a los obreros, ha dificultado la vinculación del “proletariado” a los trabajadores cognitivos y, por tanto, al cognitariado. Ahora bien, más allá del sueldo y de las condiciones de trabajo, el cognitariado es proletariado.

 
Además, la evolución última de las sociedades avanzadas hacia la postindustrialización y la sociedad del conocimiento está provocando que prácticamente todo trabajador sea en gran medida un trabajador cognitivo. Podemos decir pues que –actualmente- el proletariado está más representado que nunca antes por el cognitariado.

 
Además, si el “proletarius” como tal tan sólo poseía su prole, el cognitariado como tal se caracteriza por poseer tan sólo su cognición, sus capacidades y habilidades cognitivas, es decir el resultado de su elaborada educación y formación. Aún más, su cognición es lo que él ha engendrado (como prole) en sí mismo, dentro de sí, con su formación y educación. El cognitariado lo es porque su posesión más esencial y su “prole” (interna y más esencial) es su cognición. En última instancia (pues se puede no tener hijos, ni otra familia), la única auténtica y definitoria posesión del cognitariado (el actual proletariado) es su cognición. 

 
A diferencia del capitalismo fordista, la sociedad postindustrial del conocimiento se convierte en un nuevo tipo de laberinto ciudadano. Está presidida cada vez más por un tipo de ciudadano que tan sólo vale, es reconocido o puede valerse en la medida que posee conocimiento, cognición.

Hemos visto que, ante la pérdida de importancia en general de la fuerza física e –incluso- de la habilidad manual, la capacidad cognitiva es el gran componente productivo de la fuerza de trabajo. Por ello, en la sociedad postindustrial, de las TICs y del conocimiento, cada vez más uno vale estrictamente lo que vale su propia capacidad cognitiva. Si me permiten la reiteración: el cognitariado vale tan sólo lo que vale, mientras vale y en la medida que vale: su cognición. Por eso ser precariado deviene para él una especie de destino casi inevitable y queda condenado a una agotadora carrera en contra de la obsolescencia o el rechazo del mercado.

 
A estas cuestiones he dedicado el artículo "Cognitariado es precariado. El cambio en la sociedad del conocimiento turboglobalizada" (Cambio social y cooperación en el siglo XXI, vol. 2, Barcelona: Educo/Icaria Ed., 2013, ISBN: 978-84-9888-575-0) y mi conferencia en “1º Congresso Internacional de Combate à Pobreza” (UFMG, Belo Horizonte, 20-11-2013). Y a ello hago también referencia en un breve video.

 
No puedo sino mencionar algunos de los grandes especialistas que me han acompañado en ambos casos. Por ejemplo Begoña Román, Gonzalo de Castro (coordinadores del libro) y Marina Subirats. Por lo que respeta al congreso de Belo Horizonte quiero destacar la gran sintonía con las profesoras dras. Misabel Abreu Machado de Derzi, María Fernanda Salcedo Repolés y Karine Salgado.

 
No puedo destacar aquí a todos, pero termino con una reflexión que -según creo- los puede englobar a todos. Ellos y ellas son sin duda trabajadores cognitivos y “cognitariado”, aunque seguramente nunca fueran un buen ejemplo de “proletariado”.

El artículo completo está formado por los posts: PROLETARIADO ES COGNITARIADO i COGNITARIADO ES PRECARIADO

Ver también los posts:
EL GUARDABOSQUES PREMODERNO

EL MODERNO «JARDINERO» Y SUS HOMÓLOGOS



Mirasel Derzi, Mª Fernanda Repolês y Gonçal Mayos


8 comments:

  1. Ciertamente el concepto clásico de 'proletariado' cada vez es menos útil para entender (e “intervenir” en) la sociedad actual. A propósito de esto, quisiera añadir un par de cuestiones a tu interesante razonamiento:

    La vieja idea marxista según la cual los proletariados son los que sólo cuentan con su fuerza de trabajo para sobrevivir se está quedando obsoleta, al menos en ciertas regiones, como el Sur de Europa. Cada vez son más los que requieren del llamado “colchón familiar” para sobrevivir, lo cual se da incluso entre quienes pueden canjear su fuerza de trabajo. De esta manera uno ya no depende tanto de su amo (caciquil o industrial) como de la renta de los padres o abuelos; una renta, por cierto, acumulada generalmente en condiciones proletarias, no feudales o burguesas. Asimismo, hoy por hoy, la fuerza de trabajo cualificada y experimentada ni siquiera tiene la garantía de poder ser canjeada. Esto último también afecta a la cuestión de los conocimientos, pues incluso el saber universitario y las competencias lingüísticas, para validarse, deben computar en función de homologaciones/programas establecidas (al menos todavía) por criterios geopolíticos. Por ejemplo: un idioma concreto puede ser fundamental en ciertas regiones y sectores productivos e intelectuales, mientras que en otros se considera simple “mérito”, y un título académico depende de una oficialidad excesivamente burocratizada, llegando a valorar más el año y el lugar de la expedición del título que los propios conocimientos del titulado. Quizás la idea de “lumpemproletariado” es más destacable que la de “proletariado” y, a su vez, la de “precariado” cada vez es más acertada.

    La idea de “cognitariado” tiene un sentido sociológico e histórico y también filosófico-político. Si bien las religiones y los aparatos estatales han condicionado la conciencia de forma privilegiada durante siglos, especialmente en cuanto a la discriminación negativa (el “rechazo del otro”), los medios de comunicación han ganado protagonismo en este papel en las últimas décadas. Los “espectáculos” de las guerras de las Malvinas y del Golfo ya avisaron de lo que hemos aprendido con Bosnia, Ruanda, Kosovo, Torres Gemelas: los prejuicios e incluso el odio popular pueden tele-gestionarse de forma sutil y determinante (así, con nuevos medios, se asumen socialmente ideas como “lo africano es tribal”, “los Balcanes son tierras de asesinos”, “el musulmán es un fanático”, etc.). Por otro lado tenemos la publicidad, cada vez más omnímoda y dependiente de una restringida serie de círculos de poder que, a su vez, también financian guerras. No obstante, filósofos y juristas como Danilo Zolo advierten que al Habeas Corpus habría que añadirle el Habeas Menten, pues, en sociedades postindustriales, violentar la integridad ya no depende sólo de cuestiones físicas sino también informativas.

    Joan

    PS: ¿No crees que también hay razones suficientes para teorizar la idea de lumpencognitariado?

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    1. Superintuitivo y muy certero, Joan. Ya tenía previsto un doble post en que "Proletariado es cognitariado" venía seguido por "Cognitariado es precariado". Y tu los has anticipado perfectamente así como la noción importante de "lumpencognitariado". Por otra parte quiero ser optimista -y espero que no me haga ingenuo- pensando que la formación necesaria como cognitariado nos haga algo más resistentes a la manipulación informativa. Pues como dices -con Zolo- hoy los medios de manipulación son inmensamente más poderosos. ¡Ojalá la cognición nos sirva de algo como reclamaban racionalistas y ilustrados!!!!

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  2. Hola Gonçal,

    Me gustaría compartir algunas reflexiones a este interesantísimo tema tomando como eje la distinción que haces entre la condición existencial y la socioeconómica del “cognitariado”.

    Empezando por el primer nivel, el existencial, creo que el factor más relevante es que en la actualidad nuestras relaciones sociales y nuestros hábitos culturales se ven crecientemente afectados por todos los sectores – medios de comunicación, google, apps para móviles, videojuegos, etc.- relacionados con la generación, procesamiento y difusión de la información y el conocimiento. Y no sólo afectados, sino también impregnados hasta la médula: aquello que pensamos, creemos, valoramos, sentimos y apreciamos forma ya un magma, un todo inseparable de este cúmulo de datos, imágenes y sonidos que nos llega constantemente (y que, a través de las redes sociales y de nuestras comunicaciones virtuales, hacemos llegar a amigos, colegas, parientes o simples conocidos, convirtiéndonos así en copartícipes). Por supuesto, siempre hemos sido permeables a la influencia de nuestro entorno. Somos seres culturales y construimos nuestra visión de la realidad y nuestras actitudes frente a ella con los demás. Y, por supuesto, el poder siempre ha intentado controlar ambos aspectos, poniendo en ello todos los medios. La diferencia es que nunca como ahora este proceso había estado tan en manos del mercado; nunca como hasta ahora la generación y transmisión de información y conocimientos se había convertido en una mercancía tan usada e intercambiada. Y no sólo en la esfera laboral, sino también en nuestro tiempo “libre” y en nuestras relaciones sociales. “Me conecto –es decir, genero, recibo y transmito datos, imágenes y sensaciones- luego existo”: tal parece la condición humana actual.

    En cuanto al nivel socioeconómico, creo, de nuevo, que el concdpto de cognitariado puede ser de enorme utilidad. En concreto, considero probable que la nueva escala de estratificación que se está perfilando dependa, en buena medida, del lugar que cada individuo o grupo ocupe en su nivel de capacidad de generar, procesar y transmitir conocimiento. Así, en la cúspide, tendríamos a los “generadores” o “manipuladores” (Manuel Castell dixit) de símbolos, es decir, aquellas personas e instituciones capaces de generar la información y el conocimiento más valorado por el mercado y, por ello, de moldear los patrones básicos de nuestra visión de la realidad. Bajo esta denominación entrarían no sólo tecnólogos y ejecutivos de los sectores puna en I+D+I, sino también inversores financieros y especuladores de alto nivel (a fin de cuentas, el especulador juega con información privilegiada; sabe interpretarla, aprovecharla y, cuando le convenga, manipularla), así como “intelectuales orgánicos” y creadores de opinión. En el otro extremo, tendríamos aquellas personas y sectores cuya capacidad para generar información y conocimiento sería irrelevante (o, mejor dicho, sería considerada irrelevante por el mercado), con lo cual estarían condenados a la precariedad. Serían personas fácilmente reemplazables, carne de cañón de las empresas de trabajo temporal, la economía sumergida o el paro. ¿Y entre ambos extremos? Unas clases medias cuyo estatus se ve crecientemente amenazado puesto que, en un mercado donde la información y el conocimiento son mercancías que cambian cada vez más rápidamente y que se ven sometidas a una competencia brutal, su posición es menos sólida que antaño.

    Saludos,

    Lluís Soler

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    1. Gracias Lluís. totalmente de acuerdo: "La diferencia es que nunca como ahora este proceso había estado tan en manos del mercado; nunca como hasta ahora la generación y transmisión de información y conocimientos se había convertido en una mercancía tan usada e intercambiada. Y no sólo en la esfera laboral, sino también en nuestro tiempo “libre” y en nuestras relaciones sociales." Como he dicho a Joan, quiero ser optimista y que las habilidades cognitivas nos ayuden pues necesitamos mucho de ellas. Pues la manipulación -como apuntas muy bien- no sólo se produce cuando estamos avisados y reflexionado sino sobretodo en los momentos más distendidos, alegres, divertidos... y apuntando a nuestros deseos más fuertes.
      Por otra parte, tienes razón citando Manuel Castell y ampliando sus ideas. Aquí veo que las nuevas tecnologías establecen nuevas jerarquías y divisiones sociales. No podemos ser ingenuos como algunos de los primeros teóricos de Internet que la veían como la solución democrática definitiva: Todos seremos a la vez emisores y receptores, decían. Ya vemos que eso no será así y que aparecen nuevas exclusiones y subordinaciones.
      La batalla política, por la información "veraz" y contra la manipulación EN ABSOLUTO NO HA TERMINADO!!!! Una abraçada.

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  3. Hola Gonçal, la meva visió potser és una mica oposada i potser per manca d'informació i experiència; però jo enlloc de veure "cognitariat" jo veig més "sumisió"...per dir-ho d'alguna manera (tampoc queda una altre).

    No creec que s'hagui de ser un geni per dominar l'anglès, dur una màquina a la fàbrica o treballar al Mercadona. LLavors quan tenim "temps lliure" tampoc sabem ben bé que fer, si mirar el mòbil, possar una cançó...
    Hauriem de tornar una mica enrrere, a vells i bells costums com lleguir o caminar....i sentir més les coses (Per molt que digui Descartes).
    Bona nit.

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    1. Holden, és el que he intentat dir a COGNITARIADO ES PRECARIADO http://goncalmayossolsona.blogspot.com.es/2013/11/cognitariado-es-precariado.html

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  4. És més, voldria afegir que de " cognitariat" que n'hi ha, per suposat; si parlem en termes estadístics ¿No seguim encara amb el vell paradigma de l'estupidessa?.No se ben be on són el límits, però ella pot ser la causa, d, aquesta sumisió a l'explotació temporal de la nostra ment per part del sistema economic, i la convicció absoluta que la nostra tasca és digna, "pura" i necessaria.

    He possar la TV dos minuts la tele, i dedo creeus que una societat de subjectes cognitius, soportarien i disfrutarien meredes de programes rollo reality, humor banl, famoseo....Nose, si donem bona la teoria d'una societat més capaç, preparada i culta...serà una minoria. PP força més votada, Kiko Ribera més venut i Belen Esteban millor escritora.....Això és una barbaritat

    Una raó sana, lliure i forta e íntegra mai serà sumisa

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    1. Amb el viatge al Brasil, se m’havia passat el teu comentari, Holden. Coincidim en el fons perquè "cognitariat" defineix una característica central de la condició actual: treballar més amb informacions que no amb les mans. No vol dir ser més lliure ni superior intel.lectualment, inclús són munió els senyals indiscutibles que mostren que el “cognitariat” cau en noves i molt importants-doloroses –com dius- "submissions".
      Els teus exemples són gràfics i certs: “No creec que s'hagui de ser un geni per dominar l'anglès, dur una màquina a la fàbrica o treballar al Mercadona.” I encara més si reconeixem que tampoc no cal “dominar l'anglès” ja que sovint amb quatre paraules... s’hi va tirant. El capitalisme cognitiu clarament du a una desertització de l’experiència on passa –com dius- que no “sabem ben bé que fer, si mirar el mòbil” i cada vegada enyorem més coses senzilles com “llegir o caminar....i sentir més les coses”.
      Com saps, hem entrat (i no sabem com sortir) en la societat del cansament i l’autoexplotació, encara que siguem molts els que sospitem que NO ES VERITAT “que la nostra tasca és digna, "pura" i necessaria.” Tot és molt més pervers i –igual com el proletariat queia sovint en les alienacions de la societat fordista- el cognitariat sovint cau en les alienacions de la societat potfordista.
      Importants aspectes en les alienacions han canviat, però... hi ha moltes, renovades i molt doloroses alienacions que... per tant hem de continuar denunciant i criticant incansablement. Mirant de trobar-hi sortides... O sinó de què carai serveix la filosofia, Holden???? Una forta abraçada.

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