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May 11, 2016

MAYO1968: LA REVOLUCIÓN SE AUTODESTRUYE


Con una exitosa teatralidad (muy suya por otra parte) De Gaulle desaparece el 29-5, precisamente en el momento en todo el mundo le dirige la mirada inquisitivamente. La mayoría pensando que dimitirá y hará mutis por el foro, algunos esperando el golpe magistral que acabe con todo. En el vacío creado -¿donde está y qué hace De Gaulle?, se pregunta todo el mundo-, consigue que el debate se centre en su figura. Así consigue –paradójicamente- volver al centro de la atención y, el 30-5, 300.000 personas le manifiestan su adhesión por las calles. 

Pero De Gaulle tampoco permanecía pasivo, pues se ha desplazado para entrevistarse –ni más ni menos- que con el general Charles Massu, que es el comandante en jefe de las fuerzas francesas estacionadas –todavía entonces- en Alemania. Conocida la entrevista, todo el mundo especula con un golpe de Estado. Siguiendo su teatral estrategia, De Gaulle regresa a París el 30 de mayo y habla por la radio con un mensaje que claramente ejemplifica el “golpe sobre la mesa” que sus partidarios le han pedido desde el inicio del Mayo. En el discurso, De Gaulle se niega dimitir, disuelve la Asamblea Nacional Francesa y convoca elecciones parlamentarias anticipadas para la fecha más cercana posible: el 23 de junio de 1968.


El movimiento reivindicativo del Mayo tiene dificultades para encarar unitariamente el golpe cuidadosamente calculado por De Gaulle, y ve incrementarse sus grietas y contradicciones internas. Para desesperación de los situacionistas, la “situación” vive un impasse y claramente comienza a perder intensidad. Los diferentes sectores sociales e ideológicos, que han ido convergiendo en el Mayo, se muestran incapaces de consensuar los siguientes pasos. 


Unos quieren una revolución clásica, violenta y total; otros desconfían de ella recordando a Stalin. Aún otros proponen nuevas vías político-reivindicativas, pero muchos desconfían de ellas o incluso las ridiculizan. Otros más consideran que hay que aceptar muchas de las concesiones alcanzadas y reconducir el movimiento dentro de los cánones políticos tradicionales. Finalmente hay aquellos otros que sencillamente se han desencantado de todo, son presa del miedo, o bien se sienten incapaces de decidirse (algunos incluso desean secretamente que otros decidan por ellos).


Ciertamente la diversidad interna del movimiento es enorme y, así como al principio ello jugó a su favor, ahora juega claramente en contra. Los situacionistas ven como la “situación” creada se desinfla por mil fugas ante sus ojos. La popularidad del Mayo que –como hemos dicho había sido enorme- ahora se hunde rápidamente, mientras que el miedo es cada vez más evidente y De Gaulle se aprovecha de todo ello. En lugar de ser parte del problema –como ha tenido que escuchar los últimos meses-, hábilmente se presenta como la única solución. Con gran teatralidad y boato insiste en presentarse (a los franceses pero también internacionalmente) como el defensor del orden social y de la autoridad, y reta al movimiento del Mayo a alzarse violentamente contra la “legalidad”, contra él.


En el famoso discurso de junio, hurga en los miedos y las desconfianzas. Proclama que la revuelta no tiene alternativa positiva y que en el fondo también ataca a los ideales tradicionales de izquierda. Ahora parece mejor informado y se dirige a los situacionistas y grupos cercanos, diciendo: “Este estallido fue provocado por unos pocos grupos en rebelión contra la sociedad moderna, contra la sociedad de consumo, contra la sociedad tecnológica, ya fuera la comunista del Este o la capitalista del Oeste...; grupos, además, que no saben con que reemplazarla, pero que se deleitan en la negación.” (MARCUS 1993: 42.)


En ese momento culminante, el movimiento del Mayo no puede institucionalizar permanentemente el enorme poder o capital social que ha llegado acumular. Las grandes esperanzas despertadas en tanta gente (muchos de los cuales ahora parecen olvidarlas) se difuminan en medio de gran confusión, caos, miedo y disturbios en las calles y centros industriales. Muchas empresas vuelven a su funcionamiento habitual, cuando los trabajadores terminan aceptando los acuerdos de Grenelle y otras concesiones como el pago de los días de huelga como si hubieran sido trabajados. Como ya hemos dicho, son concesiones que hubieran sido increíbles un mes antes, pero que ahora comienzan a saber a poco y –pronto- serán casi nada. 

Un hecho luctuoso, que antes habría podido revitalizar la “situación”, ahora termina de hundirla. El 10 de junio un estudiante de liceo, tan joven que no es ni universitario, muere en los enfrentamientos. Es la única víctima mortal del Mayo francés, pero hay que recordar que fuera de Europa hubieron muchos más en los conflictos asociados. Sin ir más lejos en México, en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco (2-10-1968), hubo una matanza cometida por paramilitares con apoyo del ejército cifrada al principio en 20 víctimas, pero que fiables investigaciones posteriores sitúan en las varias centenas de muertos.

La muerte del estudiante francés provoca que los disturbios se recrudezcan en París, pero De Gaulle los aprovecha para -dos días después- disolver e ilegalizar 18 colectivos radicales y de extrema izquierda. Se prohíben sus publicaciones y se arrestan sus líderes. Por una parte prohíbe las manifestaciones en la calle durante los siguientes 18 meses; por otra, el 15-6 –su nuevo Ministro de Interior, Marcellin- amnistía 50 militantes presos de la OAS (algunos condenados por asesinato y que incluyen generales de extrema derecha como Raoul Salan) y se crean violentos grupos de acción contra los "elementos incontrolables". 

Ahora, la violencia no mantiene en marcha la “situación” del Mayo, más bien la destruye aceleradamente. Los situacionistas se sienten derrotados y perplejos. Aunque no siempre disminuye la violencia, durante el largo mes de junio las empresas vuelven a la producción ya sea con acuerdos y concesiones, ya sea por intervención policial. Parece que la sociedad en general e incluso muchos de los ilusionados por el Mayo, están ahora convencidos que debe acabar ya. También la Confédération Générale du Travail y el Partido Comunista Francés piden el retorno al trabajo y a la normalidad. 

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