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May 10, 2016

MAYO1968: LA "SITUACIÓN" DESEADA



“La felicidad es una idea nueva en Europa.” Louis Antoine Saint-Just a la Convención 3-3-1794 y Debord en Hurlements en faveur de Sade, 1952.

Nadie pensó que los “pequeños” conflictos y difuso malestar social antecedentes al Mayo1968 constituyeran ningún caldo de cultivo revolucionario. Pero sí lo pensaban así los situacionistas que, a diferencia de otros movimientos revolucionarios, no querían sustituir en su acción a las masas, ni tan siquiera liderarlas como un rebaño. 

Más bien se pensaban a sí mismos como enzimas catalizadoras al servicio de un proceso que iba mucho más allá de ellos y al que servían “desde abajo” pero con gran eficacia. Por eso en 1969 y todavía pensando en la continuidad del proceso revolucionario del Mayo, proclaman “no debemos ‘capitalizar’ esta victoria [...] toda organización avanzada que sea coherente ha de perderse en la sociedad revolucionaria” (MAYOS, 2013: 347).

Por otra parte, los situacionistas son conscientes que su aportación saldría sobre todo de sus teorías sobre la sociedad del espectáculo y de sus aprendizajes sobre la creación colectiva de “situaciones” que se retroalimentasen revolucionariamente. Recordemos que el Mayo del 68 fue la primera “revolución” transmitida casi en directo por los medios masivos de comunicación. Los situacionistas (que Vienet autodefine como “la guerrilla en los mass media” (MAYOS, 2013: 273)) sabían mejor que nadie que -en y a través de los medios- se jugaba gran parte del éxito o fracaso revolucionario.


Paralelamente al activista norteamericano Abbie Hoffman, habían comprendido el potencial revolucionario que hay tras un inteligente e imaginativo uso de los medios de comunicación. Pues “Si los activistas creaban acontecimientos que resultasen locos, sexy y divertidos, los medios no serían capaces de resistirse a atraer la atención hacia ellos. ‘Los medios son gratis. No paguéis anuncios. Fabricad noticias’” (GOFFMAN, 2005: 383. La cita interna es de Abbie Hoffman).

Y está claro que, al menos hasta el momento final del Mayo, los situacionistas y sus aliados ganaron apabulladoramente al gobierno la lucha por la opinión pública y por imponer su “escenografía” o “relato” de los conflictos. Ahí el talento situacionista fue clave con su incitación a la imaginación, la libre creatividad y haciendo próxima y factible la utopía. Fueron geniales creadores de breves, potentes y llamativos mensajes a través de graffiti e imágenes icónicas subvertidas irónicamente (rétournements) para mostrar la peor y más represiva cara del Estado, sus autoridades y policía. Los situacionistas fueron clave para que, ciertamente, por un tiempo la imaginación desafiara y aspirara al poder (como exige el famoso graffiti del Mayo).


Significativamente en el campus universitario de Nanterre, un "banlieu" de París (con una "bidonville" o barrio de chavolas justo delante de la universidad), se había creado un importante grupo reivindicativo con influencias situacionistas. Además, este campus ya tenía por entonces una trayectoria conflictiva y de izquierdas que, con el tiempo, se ganará los apelativos de "Nanterre, la folle" o "la rouge" (es decir: la "loca" o la "roja"). 

Por otra parte en ese grupo destacaron meses antes de la explosión “oficial” del Mayo una serie de líderes carismáticos, como por ejemplo el situacionista René Riesel o de Daniel Cohn-Bendit (quien nunca fue situacionista). Es muy conocido que Cohn-Bendit pasó a la fama de la mañana a la noche cuando en un programa de televisión interpeló con gran agresividad a un ministro. Audazmente lo dejo en evidencia ante toda la audiencia, pues el ministro –boquiabierto- ni tan siquiera había previsto tener que dar respuesta a tales críticas. Ciertamente mientras algunos, implícita o explícitamente, estaban intentando crear una “situación” revolucionaria, las administraciones y los políticos del establishment estaban especialmente “adormecidos” y pagados de su “preesunta” hegemonía social. 

Así, ante la indiferencia y la incomprensión de las administraciones, el 22 de marzo los estudiantes se encierran en la Universidad de Nanterre, iniciando una primera escalada de protestas. Inmediatamente recibirán el apoyo de otras universidades y el envanecido Estado cae en la trampa dialéctica de acción-reacción que presidirá todo el Mayo. La policía detiene a los líderes estudiantiles (los famosos “ocho de Nanterre”), se cierran las facultades, los estudiantes boicotean los exámenes y –en las calles, no se sabe si ante la indiferencia o el regocijo policial- se dan violentos choques entre estudiantes de izquierdas y de derechas (que intentan acallar las protestas con agresiones).


No estamos todavía en el “Mayo” pero la “situación” está planteada, y claramente las instituciones francesas no están a la altura, incluso mucho menos que gran parte de la sociedad. Sin atender a las causas y ni tan siquiera auscultar las quejas y malestares, el Estado opta por la violenta represión policial y convierte un conflicto universitario aparentemente muy circunscrito en los alrededores de París, en una revuelta cada vez más popular y extendida. 

La IS está sin duda radiante, percibe claramente que ésta es la gran oportunidad o “situación” que estaban buscando. Escriben en abril de 1968: “2. Aunque todavía débiles y confusas, las nuevas tendencias revolucionarias de la sociedad actual ya no se ven relegadas a una clandestinidad marginal: este año se manifiestan en la calle. 3. Paralelamente, la I.S. ha salido del silencio, y debe –estratégicamente hablando- explotar este frente abierto.” (MAYOS, 2013: 346)


En una ebullición sorprendente y muy rápida, afloran preocupaciones sociales y propuestas políticas hasta entonces escasamente expresadas, y en todo caso invisibilizadas sistemáticamente por los medios y la cultura oficial. Se identifican con los movimientos contestatarios y éstos la retroalimentan. Los situacionistas ven confirmadas sus tesis: los jóvenes son el auténtico sujeto revolucionario y la sociedad parece entenderlo así espontáneamente. Convencidos de que ellos han sido escogidos libremente como los interlocutores y los guías por la sociedad, piensan que sólo hay que impulsar la revolución.

La administración estatal ayuda inconscientemente en esa radicalización. No parece entender nada, incluso parece no darse cuenta de lo que se está fraguando, ni de la magnitud que puede alcanzar. La escalada de violencias y la dinámica de acción-reacción continua, aunque todavía está circunscrita en el ámbito estudiantil y juvenil (incluso como una protesta básicamente generacional). Pues ciertamente los partidos y sindicatos de izquierda no parecen comprender demasiado lo que está sucediendo, e incluso muchos (como el poderoso Partido Comunista Francés) no simpatizan con esos inicios. Los situacionistas también se sienten confirmados en sus tesis por esa reacción, pero trabajan para que la dinámica de la “situación” creada les obligue a tomar posición. 

El 3 de mayo, "los 8 de Nanterre" deben declarar en el juicio instruido contra ellos, una gran cantidad de estudiantes se concentran dándoles su apoyo. Cuando "los 8 de Nanterre" llegan el gentío presente se arremolina y la policía carga duramente. El escándalo es mayúsculo y conlleva una importante escalada. La Unión Nacional de Estudiantes y el Sindicato de Profesores llaman oficialmente a la huelga y exigen la liberación de los detenidos. No obstante su radicalización no es todavía total, pues paralelamente ofrecen concordia y piden la retirada de la policía de las universidades y la reapertura de La Sorbona.


Pero el Estado se ha enrocado sobre sí mismo y tres días más tarde (el 6-5) la “situación” continúa igual; es decir peor: inevitablemente más radicalizada. Una nueva toma de declaración de "los 8 de Nanterre" provoca una gran manifestación y muchas barricadas en el Barrio Latino. Al día siguiente las manifestaciones son todavía más generalizadas, llegando frente al Elíseo, la magna sede del Estado francés. Éste ahora se se sabe desafiado, pero continúa sin saber qué hacer y sin comprender nada de lo que sucede en las calles. 
Publicado en “Situacionismo: la Vanguardia de la Revolución” de G. Mayos en Revista Brasileira de Estudos Políticos, Belo Horizonte, n. 111, jul./dez., 2015.



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